
Llegué de trabajar y estaba activa.
No paré de limpiar y hacer hasta que me sentí conforme..
Me puse mis deportivas, la ropa cómoda, preparé la bolsa.... y a caminar.
Mientras camino escucho música.
Y miro las calles, sus casas, sus árboles...
la gente pasar.
Miro las caras de la gente: las que rien o van serias,
las que corren o tan solo pasean.
Con los niños, con los perros.
Algunos me miran, otros me obvian.
Y no pienso. Dejo de pensar.
La mente divaga, en pura contemplación:
"Qué perro tan mono"
"¡Tio bueno!"
"Cómo cuesta subir la cuesta"
Pero nada trascendental.
Y de esa manera me libero,
me quito el polvo del sendero.
Cuando paro la mente,
mis manos agarran fuerte
las riendas de mi vida.
Y sigo caminando.
Y camino.
Y cuando paro,
me siento satisfecha, tranquila,
cansada pero feliz.
¡¡Mejor una buena caminata que un prozac!!



















