
Ahora ya no puedo cerrar más los ojos a la realidad:
Nunca llegaré a ser una escritora famosa ni reconocida... No. Nunca.
¿Qué respondería en las entrevistas cuando me preguntaran por quién me inspira si no soy conocedora de la mayoría de escritores/as?
¿Cómo podría introducir en una conversación algún fragmento de mis libros más conocidos o queridos o seguidos si no memorizo nada de todo lo que leo?
Escucho entrevistas en la radio a escritores y escritoras... y yo, soy diferente a ellos/as: no tengo esa seguridad en las respuestas... y no creo que nunca la tenga. Solo se lo que se, lo que pienso y siento... y cómo lo reflejo en mis escritos, con mis palabras, con mis formas... ni novela, ni poesía, ni ensayo... ¿ésto qué es? Y claro, así, ¿cómo me voy a dejar entrevistar?
No tengo mucho que decir. No tengo casi nada que contar.
Hasta hace muy poco, mi vida me parecía digna de película... por lo menos, peculiar dentro de su simpleza.
Ahora, ya no vale nada como para poderlo reflejar.
Soy una persona vulgar, común y corriente... que lo único que le interesa es trabajar para pagar facturas; tener una estufa para calentarse en invierno; una televisión a la que NO observar cuando se quiere evadir; quien habla mucho y dice poco... solo lo convencional.
Y sin embargo... aun queda una esperanza.
Un pequeño guiño. Un empujón de cara. Un ánimo importado de quien me quiere animar. Un cansancio de no hacer lo que tendría que hacer en vez de hacer lo que estoy haciendo. Y todo ésto, sin pestañear... No sé si solo son las altas horas de la madrugada... o que algo empieza a cambiar.
Se verá...




















