
Siempre lo he dicho... y lo sigo diciendo:
Yo soy mujer de otoño, donde las hojas de los árboles caen para llenar las calles del antiguo olor a niñez; donde los días son más cortos y la noche empieza a crecer y eso me permite trasladarme al mundo silencioso de la oscuridad; donde tengo la excusa perfecta del cambio de clima para quedarme en casa, saboreando un plácido rato de sofá con perrilla sobre mi regazo haciendo crecer el deseo de entrar en la red y bucear entre blogs, correos, informaciones...; donde el frio que tantas veces siente mi alma se puede abrigar con las mantas que ya empiezan a salir de los arcones...
Y en este tiempo, por la edad que marca el calendario, SIENTO que encajo a la perfección en mi tiempo, en mi querido otoño.
Se acabó un nuevo verano que se hizo viejo lleno de frenesí, de acción, de movimiento... hasta de emoción, unas veces gratas, otras mejor no contar.... Y con el fin del verano, se acabó mi nuevo último viejo amor. Da pena, me entra tristeza, ñoñez... pero... al menos ya no siento su dolor, pues me queda el regusto amargo-dulce de SABER que tengo su afecto, cariño, respeto y sinceridad (aun cuando se calla).
Los finales son lo que son: la oportunidad a un nuevo comienzo.
...si no fuera porque cada vez cuesta más...


















