Estoy aquí sentada,
en este banco de piedra,
frente al mar,
hoy bravo,
por el viento... lo oyes?
El aire mueve mi falda,
como en un baile...
y mueve mi melena,
aunque no la tenga.
Siento en el lado derecho
los rayos de sol,
calentando mi piel.
En el izquierdo,
a la sombra,
tirita,
pues el viento es fresco.
Huele a mar
a sal,
a aires viajeros
venidos de otros mundos.
A la izquierda,
una familia (hombre, mujer y criatura)
toman el sol,
se mojan los pies,
juegan con la arena
y con las olas.
A mi derecha,
alguien,
sentado,
toma el sol.
Y lo hace en la forma
en la que lo haría yo:
desnudo.
Está solo y me mira de vez en cuando.
No es muy habitual,
en esta época del año,
a esta hora del día (14:30)
sentarse,
vestida,
escribiendo,
en un banco de piedra,
frente al mar.
Unos diez metros me deben separar,
de ese ir y venir de olas.
En algún momento,
puedo notar sus gotas.
Si no fuera por el viento...
que bien se llegaría a estar.
Pero hace fresco.
Tal vez no se note tanto
tumbada a ras de suelo...
Tengo frio.
Lo siento.
Otra vez será.





















