INTIMIDAD

Palabras a golpes de fuego.
Sensaciones que explotan por emerger.
Opresión en el pecho por sentir.
Lo bueno y lo malo de ser yo.

domingo, 21 de octubre de 2007

Las cuarentonas


Tengo en la memoria mis días de descanso cuando era una niña.
En otoño, invierno... en casa.
Mi padre escuchaba en la radio los partidos de futbol, mientras mi madre planchaba.
Yo pasaba la tarde, con su oscurecer lento, dibujando a lápiz. Me gustaba copiar láminas (nunca supe de donde salían) de paisajes. Árboles estilizados sobre peñascos marinos con pequeñas casitas al fondo.
Recuerdo el color de la tele: siempre en blanco y negro. Y sin más emisoras que ver que la que había. No había discusión. Todo parecía bien. Por que no había más. Ni tan siquiera se podía imaginar el futuro multiple de posibilidades.
Y especial recuerdo guardan aquellos días en los que se iba la luz. Iluminados por tambalenates velas se sacaban las cajas con las viejas fotos y se revisaban, explicando historias de gentes desconocidas para mí pero de las que mis padres hablaban como si de una novela se tratara.
Entre todas aquellas fotos, siempre aparecía alguna de alquellas viejas solteronas. Aquellas mujeres que a los treinta años ya eran mayores para casarse, pero que si no lo hacían antes de los cuarenta, jamás lo harían. Se quedarían para "vestir santos".
La imagen proyectada hoy en día en mi mente de aquellas mujeres es la de unas señoras embutidas en sus vestidos cerrados hasta el cuello, con medias opacas y zapatos de bajo tacón. Pero lo que más me viene a la mente es su mirada. Su rostro casi sin arrugas pero sin expresión. Tristes y apagados. A la vez, resignados.
Tengo la sensación de que aquellas mujeres ya no tenían ilusiones. No esperaban nada de la vida.. Tan solo, posiblemente, ver crecer a los hijos de los hermanos. Cuidar de los padres hasta sus últimos días. Y sentir las risas y bromas de los más jóvenes ante su soledad.
Pero ahora, ahora que yo ya he pasado esa edad y que no estoy casada, siento como en mi interior todavía fluye la sangre. Sigo teniéndo ilusiones y deseos . Sueño con encontrar compañero de camino con el que hacerme "mayor". Muchas veces, en mi soledad, siento como mi cuerpo se estremece deseoso de placer.
Pero hoy, con la bajada de temperaturas, con el desear estar en casa, cálidamente acurrucada en el sofá con una manta viendo una película... me ha pasado por la mente:
-¿Y si el resto de mi vida es éste? No soñar. No desear. No buscar. No estremecerme.
Ha habido un momento que he sentido que mi vida seguirá en soledad. Y aunque ahora sienta que no podré acostumbrarme, sé que si así ha de ser, será.
Me quedaré sentada en mi casa, acurrucada con una manta, viendo una película... haciéndome mayor y acostumbrándome a mi soledad, como aquellas viejas cuarentonas.
Solo el tiempo lo dirá.

5 comentarios:

fire dijo...

yo recuerdo momentos muy parecidos alos tuyos...tambien me gustaba dibujar...nunca imaginé que con los años me ganara asi la vida....
tu conseguiras lo que te propongas...porque para eso estas viva y desprendes luz...
nunca se te olvide...
la edad es algo que cuenta acia delante...mientras el corazon te cuenta hacia atras....

un beso tesoro...

JuanMa dijo...

No, Amiga.

La edad es lo de menos. Es lo que sentimos lo que marca la diferencia. No dejes de anhelar, de desear, de sentir...
Tu mirada quema. No tienes de qué preocuparte.

Muchos besos.

Kaos dijo...

Ni de coña, no puedes temer que el mañana este ausente, vacío, sin sensaciones ni emociones. Lo primero porque te eres infiel a ti misma si el balance que haces de tus posibilidades es ese.

Tu ya expresas emociones y sensibilidad, y no las dejas dentro, las mandas volar como hojas que levanta el viento de otoño, que permanecían húmedas en el suelo y que viajan hasta dónde nunca podrían haber llegado.

Segundo porque no te lo permitiría, si es necesario te fabricaría sueños con una máquina especial que yo tengo.

Las tardes frías de otoño nos enseñan que se está mejor dentro, acurrucados, que fuera. Pero no necesitamos la manta para nada, tan sólo descubrir que tenemos un corazón encendido, ardiente, que puede llenar de calor nuestro cuerpo y el de otras personas.

No sé dónde está ese hombre que querra darte fuego, pero estoy seguro de que tu estás preparada para darlo y para recibirlo.

Te dedico esta canción, espero que "te encienda"...

http://notime-towaste.blogspot.com/2007/06/switchfoot-on-fire.html

Besos, muchos

IGNACIO dijo...

La edad no importa, yo voy para los cincuentones, y retratas esa epoca anterior, que me llegan imágenes parecidas a las tuyas.

Un abrazo, no estás sola.

Ignatius dijo...

Ser joven...

http://www.bonheurpourtous.com/botext/etrejeun.html

;-)

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