INTIMIDAD

Palabras a golpes de fuego.
Sensaciones que explotan por emerger.
Opresión en el pecho por sentir.
Lo bueno y lo malo de ser yo.

jueves, 17 de noviembre de 2011


Remonto mi mirada al pasado cercano, al mediano, al lejano... y hay que ver la cantidad de cosas que me han tocado vivir. Supongo que como a todo el mundo, pero yo he de ser consciente de mis propias vivencias... en definitiva, son ellas las que me configuran día a día.
Y la cuestión es que muchas veces no somos conscientes de esa vivencia, hasta que ha pasado el tiempo. Y yo ahora veo ese pasado próximo. Empiezo a ver con claridad porqué y para qué he vivido cada una de esas circunstancias.

Han habido alegrías, por supuesto. Algunas grandes (pocas) y muchas pequeñas. Sobre todo, muchas diminutas alegrías que me han hecho de colchón para contrarrestar las caídas que he tenido. He reído y sonreído. En mi cara se han dibujado sonrisas conscientes, pícaras, escandalosas, discretas... ahí han estado y ahí siguen estando, en la memoria de mis células. Al igual que los daños.

Daños directos e indirectos. Daños certeros y colaterales. Heridas sangrantes y algunos rasguños. Como no, todo eso es lo más difícil de sobrellevar. Pero también, todo ello es lo que más ha contribuido a trabajar en mí misma, en avanzar, en crecer, en madurar. Las lágrimas han servido para aligerar mi alma cuando el pesar era tan grande que no cabía dentro. El silencio me ha ayudado a conectar con mi interior... no me preguntes qué he encontrado.. no lo sé, aún no lo sé... pero sé que he estado conmigo misma ahí, en mi interior. Acunándome, acariciándome, lamiéndome las heridas, y al final amándome. Y ha sido curioso. En ese estar dentro de mi y conmigo, se ha despertado una conciencia externa de empatía con el resto de la humanidad. No voy a sufrir el sufrimiento del otro: eso ya sé que solo se vive en primera persona. Pero soy consciente de su sufrir. Y tampoco voy a disfrutar de las bendiciones del otro, porque el otro tiene sus propias bendiciones, como yo tengo las mías. Pero sí siento que nadie es responsable de mi vida. Nadie ha decidido por mi. Yo soy la única que toma sus propias decisiones. Y también quien disfruta sus propias victorias.

En la rotura que se produjo en mi muñeca, se rompieron muchas otras cosas. Ha sido duro vivir esa experiencia. No creo que estuviera preparada para ello. He tenido miedo, tristeza, desolación... Pero ahora creo que se está realizando lo que imaginaba (o visualizaba, o soñaba) que significaba "romperme". Mi mundo se ha roto... y eso no es nada malo, al contrario. NAZCO A UN MUNDO NUEVO. Y eso me parece maravilloso. Y en ese estado me encuentro. Naciendo de nuevo, con ojos nuevos, con esperanzas renovadas, con anhelos y sueños nuevos (sobre todo, porque ahora creo que puedo soñarlos y anhelarlos).

Pinto de colores mi nueva casa. Mi hogar interno se llena de flores como si de primavera se tratara. Y abro las ventanas para que entre aire nuevo. Y se renuevan las palabras... PUEDO.

3 comentarios:

Nicolás dijo...

Renacer, volver a empezar a desear a ver un nuevo camino a disfrutar de esas cosas desconocidas que han de llegar--- ¡¡genial!!

...solo una mujer. dijo...

Gracias Nicolás... Aunque el parto es un tránsito difícil, la nueva experiencia de vivir está llena de expectativas.. Ahora toca caminar.
Un abrazo cálido!

Cristina dijo...

No solo son bellos tus pensamientos , la imágen invita a traspasar las letras.
me encantó visitarte nuevamente, abrazos.

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